jueves, 22 de enero de 2026

Capítulo 3: Punto de partida/Starting point

 


Parece que he vuelto  un extraño punto de partida. No me es del todo desconocido, pero ando a tientas y sin mapa. 

 El punto de partida está en nosotros. Pero está en las cosas. Antes que en nosotros. En las cosas que me cuentan lo que pasa antes de que me dé cuenta. Poco a poco, como las historias que repiten y repiten las abuelas. Es un cántico. 

Me he convertido en una cosa. Era una chica. Después una mujer. Luego una mujer embarazada. Fue muy bonito eso, ser una mujer embarazada. Yo nunca había sido algo así. Pero el espejo me decía que era yo a pesar de que la forma no era mi forma. Era yo, más uno. Ya no era yo, entonces. Y sabía que esa barriga era un corazón muy grande y un laberinto muy grande. Era un punto de partida. ¿Volvemos al laberinto? He estado allí. ¿Tenía intención de salir? No lo sé muy bien. Pero he estado con varias personas que sí salieron y varios animales. Algún animal se quedó conmigo. Pero no te distraigas. 

Estábamos en el punto en el que me había convertido en una cosa. ¿Cómo ha sucedido eso?¿De repente? No, claro que no. Poco a poco pero tú tenías los ojos cerrados muy fuerte. Estabas oliendo el aroma de bebé. Mecías en los brazós. Tus pechos estaban llenos de leche y una pequeña boquita se alimentaba de ti. No tenía tiempo de pensar qué era. Solo era algo importante para el bebé. Era algo imprescindible para el bebé. No puedo decir más que que es bonito. Y que parece que la vida se pone de acuerdo y te dice a cada momento que eres importante, y te acoge. Las personas no. Las personas tienden a no ser bonitas. La luz les ciega. Y en un momento todo se ponen a tu alrededor para intentar tapar la luz. Aunque te digan: qué guapa estás, una cierta envidia asoma tras sus orejitas de lobo. Quieren la magia. Quieren el bebé. Y te quieren a ti porque formas parte del bebé y el bebé forma parte de la vida. Supera eso. Nunca he sido más feliz y estado más asustada que cuando tuve al bebé entre mis brazos. Pero tampoco nunca fui tan grande. Y tan poderosa. 

Quizás ese poder me separó de ti. Tu susto me conmovió pero las cosas seguían estando donde siempre cuando llegamos a casa. Solo que nosotros éramos uno más. Tan solo había cambiado eso. Y tú parecías no saber donde estaba tu sitio porque ahora tu sitio ya no era el de siempre. 

El bebé lloraba. Y tú querías llorar también de lo indefenso que estabas. Quizás más que el bebé. Que sabía perfectamente lo que tenía que hacer. No como yo, que tenía la extraña sensanción de saber exactamente lo que tenía que hacer. Tú no. Empezaste a perderte. A no saber. A desorientarte. Empezó en casa y terminó en todos los lugares en los que estabas. Tierras movedizas. Todo se convirtió para ti en tierras movedizas. 

Creo que no he sabido muy bien dónde encajar mi felicidad en esas tierras tuyas. Están blandas y pegajosas. Me hundo cuando intento caminar sobre ellas. No me gustan. 

El niño ríe y me aleja de todo lo malo. Todas las cosas de casa están desordenadas, pero están en el sitio que les corresponde. El pequeño sí sabe cómo hacerlo. Sí sabe manejar la nueva vida que nace con él a cada paso. Le toco la manita. Aquí está. Aquí está. Y nos quedamos dormidos. 

1 comentario:

  1. ¿Qué cuenta este texto?

    - La maternidad centra y descentra a la vez.
    - El poder no siempre une, a veces separa.
    - No todo el mundo puede caminar el mismo terreno al mismo tiempo.
    - Hay una forma de saber (la del bebé, la del cuerpo) que es más fiable que cualquier mapa.

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